En el barrio El Cabrero, una de las zonas con más movimiento cultural y turístico de Cartagena, hay un proyecto gastronómico que decidió ir en contravía de la pose y apostar por algo más simple: sabor real, porciones generosas y una experiencia que no intimida. Taco Taco se ha abierto espacio como una propuesta de comida mexicana que conecta con locales y visitantes sin rodeos.
El concepto no es complejo, pero sí bien ejecutado. Un All You Can Eat de tacos y nachos, una carta amplia para compartir y un ambiente pensado para planes relajados entre amigos o viajeros que quieren comer bien sin rituales innecesarios. En una ciudad donde la oferta crece rápido, Taco Taco eligió diferenciarse por constancia más que por ruido.
Detrás del proyecto está el cocinero colombiano Julián Calderón, quien decidió reinterpretar la cocina mexicana sin disfrazarla. El resultado es un menú directo, reconocible y honesto, que no intenta competir con el folclor, sino con el gusto del cliente que vuelve. Ese enfoque explica por qué el lugar se ha convertido en referencia para quienes buscan tacos sin concesiones.

La ubicación también juega su papel. En plena Calle Real del Cabrero, Taco Taco se inserta en un circuito que mezcla turismo, vida barrial y tránsito constante. No depende solo del visitante ocasional: construyó una base de clientes que repiten y recomiendan.
Las cifras digitales confirman ese pulso. En su más reciente medición, el perfil del negocio registró 10.581 visualizaciones y 644 interacciones, señales claras de visibilidad sostenida y curiosidad real por parte del público.
Más allá de los números, el caso refleja cómo la gastronomía bien ejecutada se convierte en motor turístico. Un restaurante no solo vende platos: activa flujos, alarga estadías y da razones para volver a un barrio.
Taco Taco no promete reinventar la cocina mexicana. Su mérito está en algo más difícil: hacerla funcionar todos los días, con precio justo, sabor consistente y una identidad que ya empieza a marcar territorio en Cartagena.