El verdadero negocio de los aeropuertos ya no está en las pistas, sino dentro de las terminales

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Durante mucho tiempo se asumió que un buen aeropuerto era aquel donde el pasajero pasaba el menor tiempo posible. Si las filas disminuían, los controles eran ágiles y la conexión con el siguiente vuelo tomaba pocos minutos, la operación estaba funcionando. Esa lógica sigue siendo válida desde el punto de vista operativo, pero hay algo que ya no termina de cuadrar. Mientras los aeropuertos invierten millones para acelerar el paso de los viajeros por sus terminales, cada vez obtienen más ingresos precisamente de lo que esas personas hacen mientras esperan.

 

No es una contradicción menor. Detrás de esa aparente paradoja está cambiando uno de los pilares del negocio aeroportuario. Las terminales ya no dependen únicamente del despegue y aterrizaje de aviones para crecer. Empiezan a depender, cada vez más, de lo que ocurre entre un vuelo y otro: el café que alguien compra antes de abordar, una comida durante una escala, una sala VIP para trabajar unas horas, una ducha antes de un vuelo largo o incluso una tienda donde el pasajero decide entrar porque todavía le sobra tiempo.

 

Ese cambio tiene mucho que ver con la manera en que las personas están viajando. Los recorridos dejaron de ser tan lineales como hace unos años. Hoy es más frecuente combinar varias ciudades en un mismo itinerario, aprovechar una conexión para extender el viaje o realizar desplazamientos regionales con mayor frecuencia. El llamado travel maxxing ayuda a ponerle nombre a ese comportamiento, aunque en realidad el fenómeno es más amplio: los viajeros están sacándole más provecho a cada trayecto y eso está obligando a que los aeropuertos también encuentren nuevas formas de capturar valor.

 

 

Las cifras muestran que no se trata de una percepción. Según Kantar, casi la mitad de los integrantes de la Generación Z ha visitado varios países durante un mismo viaje, una proporción superior a la registrada en otros grupos de edad. Al mismo tiempo, American Express encontró que más del 40 % de los consumidores planea aumentar su gasto en viajes durante 2026 y que el 74 % de los millennials y miembros de la Generación Z considera viajar un gasto esencial. Si uno lo mira bien, esos datos no hablan únicamente de turismo. También muestran que el viaje ocupa un lugar distinto dentro del presupuesto de los hogares y que los pasajeros esperan aprovechar mucho más cada desplazamiento.

 

Ahí aparece un segundo cambio que tiene implicaciones directas para el negocio aeroportuario. Según Collinson Group, el 60 % de los viajeros afirma gastar más tiempo y dinero dentro de los aeropuertos cuando los procesos son rápidos y fluidos. En la práctica, cada minuto que deja de invertirse en una fila puede terminar trasladándose a un restaurante, una tienda o un servicio adicional dentro de la terminal.

 

«Cuando los procesos son más ágiles vemos que los pasajeros están más dispuestos a utilizar los espacios y servicios disponibles en el aeropuerto. La experiencia empieza mucho antes de abordar el avión», explica Enrique Seminario, Commercial Market Director de Collinson International.

 

El crecimiento del tráfico también cambia de significado

La temporada alta de mitad de año en Colombia ayuda a entender la dimensión de esa transformación. Migración Colombia proyecta más de 2,48 millones de movimientos migratorios entre junio y julio de 2026, un crecimiento del 11 % frente al mismo periodo del año anterior. Dentro de ese total, cerca de 91.000 desplazamientos adicionales estarán asociados a la Copa Mundial de la FIFA 2026 que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá.

 

 

A simple vista podría parecer únicamente una buena temporada para las aerolíneas. Sin embargo, para los aeropuertos significa algo diferente. Más pasajeros implican más personas transitando por restaurantes, comercios, salas VIP, servicios financieros, espacios de descanso y zonas gastronómicas. Es decir, más oportunidades para actividades que generan ingresos distintos a los provenientes de las operaciones aéreas.

 

El Dorado concentrará cerca del 55 % de esos movimientos internacionales y pasará de atender alrededor de 35.000 viajeros diarios en 2025 a unos 42.000 durante este año. Cartagena también espera un incremento, con un promedio cercano a los 5.400 movimientos diarios y jornadas que podrían superar los 5.600 pasajeros. Ese crecimiento amplía la capacidad comercial de las terminales casi en la misma proporción en que aumenta el flujo de viajeros.

 

«Los itinerarios son cada vez más flexibles y eso hace que el aeropuerto forme parte de la experiencia del viaje. Ya no es únicamente un lugar de paso», señala Seminario.

 

Los ingresos ya no llegan solo desde las pistas

Otro indicador confirma que el cambio no se limita a los vuelos internacionales de larga distancia. De acuerdo con Collinson Group, las visitas a salas VIP en viajes regionales pasaron de 29,4 millones en 2023 a más de 54,3 millones en 2025, un crecimiento cercano al 85 %. Detrás de esa cifra hay algo más interesante que el desempeño de un servicio específico. Lo que realmente refleja es un aumento en los viajes cortos, una mayor frecuencia de desplazamientos y pasajeros que esperan encontrar comodidad incluso en trayectos donde antes no la buscaban.

 

En paralelo, los aeropuertos han ido ampliando su oferta comercial porque entendieron que buena parte de su crecimiento futuro dependerá de los llamados ingresos no aeronáuticos. Restaurantes, tiendas, experiencias premium, estacionamientos, publicidad y servicios complementarios representan una fuente de rentabilidad cada vez más importante en la industria, especialmente en un contexto donde construir nuevas pistas o ampliar la capacidad operativa suele requerir inversiones mucho mayores y largos procesos regulatorios.

 

Por eso la experiencia del pasajero dejó de ser únicamente una cuestión de servicio. También es una decisión de negocio. Reducir tiempos de espera, integrar herramientas digitales o facilitar las conexiones permite que el viajero llegue antes a las zonas comerciales y permanezca más tiempo en ellas. La eficiencia operacional termina fortaleciendo el consumo en lugar de limitarlo.

 

«Más que una cifra, el crecimiento de los viajes regionales refleja una tendencia hacia desplazamientos más frecuentes, mejor conectados y con viajeros que buscan aprovechar cada etapa del recorrido. Eso obliga a pensar el aeropuerto como una parte activa del viaje y no únicamente como un punto de tránsito», concluye Seminario.

 

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