Fontur: la casa que recibe a María Isabel Campo con la nevera medio vacía

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María Isabel Campo Cuello asume el mando en Fontur: viejos problemas y un sector que pide resultados

La nueva gerente de Fontur asume con un presupuesto aprobado de $511.573 millones para 2026, pero enfrenta una caída del 15,4% en visitantes extranjeros, una ocupación hotelera que no repunta y una entidad que estuvo casi seis meses acéfala.

 

Imagínese que le entregan las llaves de una casa grande, con muchos cuartos y un jardín enorme y bellísimo, pero cuando abre la nevera, está casi vacía. Así, más o menos, aterrizó María Isabel Campo Cuello en la gerencia general de Fontur el pasado 14 de agosto de 2026. Llega con un currículum de peso: abogada de Los Andes, especialista en Georgetown, 30 años de experiencia en el sector público y una maestría en Sostenibilidad y Economía Circular. Suena bien, pero la verdad es que el panorama que encontró no es para nada sencillo.

 

La historia detrás del nombramiento

Fontur no es una entidad cualquiera. Creado en 1996 por la Ley 300, es el brazo ejecutor del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo para manejar los recursos de la contribución parafiscal al turismo. En plata blanca, es la caja con la que se financian desde muelles turísticos en Chocó hasta la promoción de Colombia en el exterior.

 

El asunto es que Campo Cuello no llega a una entidad estable; de hecho, su antecesor inmediato, Jenner Gil Mejía, fue nombrado en noviembre de 2025, pero antes de él, Fontur había estado en un limbo administrativo. Entre octubre de 2024 y mayo de 2025, la entidad estuvo sin gerente en propiedad, con funcionarios encargados y, según denuncias en el Congreso, sin sede definitiva para operar. El propio Ministerio solicitó la renuncia de Álvaro Edgar Balcázar (gerente entre 2022 y 2024) y de Fernando Estupiñán, quien quedó encargado tras su salida.

 

Ahora bien, Campo Cuello ingresa a Fontur en un momento en que el sector turismo necesita decisiones basadas en datos.

Lo que ha hecho en sus primeros días

Desde el 14 de agosto, Campo Cuello ha estado en modo roadshow territorial, pues el 8 de septiembre acompañó al viceministro de Turismo, Julián Franco, a San Andrés, donde se reunió con más de 50 líderes de la cadena de valor para hablar de conectividad aérea, infraestructura y sostenibilidad.

 

Una semana después, el 14 de septiembre, estuvo en la mesa con el ministro Mauricio Gómez Amín y los gobernadores de La Guajira y Chocó, además del alcalde de Santa Marta. De ahí salieron compromisos concretos: acelerar la revisión de proyectos en La Guajira, definir una hoja de ruta para el Malecón del Chocó y reestructurar el proyecto de muelles en Santa Marta, que pasará de seis a cuatro embarcaderos.

 

También tuvo que lidiar con un incendio interno: A los pocos días de asumir, se conoció que cerca del 93% de los trabajadores de Fontur se afiliaron a Sintrafontur, un sindicato que nació, entre otras razones, por el malestar con la administración anterior. No es un detalle menor: una gerente que llega a una entidad sindicalizada tiene que negociar con una contraparte fortalecida desde el día uno.

 

Y hay un detalle que no aparece en los comunicados: Campo Cuello no ha movido todavía las al equipo directivo. Los nombres que figuran en el organigrama actual son los mismos que ya estaban antes de su llegada. Eso se puede leer de dos maneras. La buena: apuesta por la continuidad operativa, evita el caos de un cambio en bloque y se toma su tiempo para conocer la casa antes de remodelarla. La otra: se queda sin un equipo de su entera confianza para ejecutar su visión, manejar los hallazgos de la Contraloría o negociar con un sindicato que acaba de mostrar los dientes. Es una jugada de riesgo calculado. Y en Fontur, donde los gerentes pasan y los directivos se quedan, eso puede ser una fortaleza o un lastre, depende de cómo lo juegue.

 

Las cifras

Aquí está el verdadero tamaño del reto. Mientras Fontur anuncia inversiones millonarias, los números del turismo colombiano muestran una realidad incómoda. Según Cotelco, la ocupación hotelera nacional entre enero y abril de 2026 fue del 48,4%, una de las más bajas de los últimos cinco años, con una caída del 4,1% en el personal ocupado. En el primer semestre, el sector de alojamiento se contrajo un 3,0% en el PIB, y los ingresos reales de los hoteles cayeron un 6,8%.

 

El panorama de visitantes extranjeros tampoco es alentador, ya que según ANATO, el ingreso de extranjeros a Colombia pasó de 2,5 millones en el primer semestre de 2025 a 2,4 millones en el mismo periodo de 2026. Y el Ministerio de Comercio reportó que en 2025 los visitantes no residentes cayeron un 15,3% frente a 2024. Es decir, mientras Fontur tiene un presupuesto aprobado de $511.573 millones para 2026, el mercado emisor se está enfriando.

Los desafíos en el horizonte

Primero, la sombra de la Contraloría. En febrero de 2026, el ente de control alertó sobre irregularidades por $28.300 millones en el proyecto de embarcaderos fluviales que Fontur ejecuta en 81 municipios. Las fallas están en la planeación y supervisión, y aunque el proyecto sigue en pie, la lupa está puesta. Campo Cuello tendrá que demostrar que su gestión puede pasar la auditoría.

 

Segundo, la ejecución real. Fontur aprobó 663 proyectos por $1,2 billones durante el gobierno anterior, pero la pregunta que muchos se hacen es cuántos de esos proyectos están terminados y funcionando; es que la nueva gerente heredó una cartera de compromisos que incluye el Gran Malecón del Mar en Cartagena ($87.700 millones), el aeropuerto de Bahía Solano ($31.195 millones), que recién se estrenó y el proyecto de muelles en Santa Marta, que apenas se está reestructurando.

 

Tercero, el equilibrio político. Su cercanía con el gobierno de turno es un arma de doble filo. Por un lado, le da respaldo para destrabar proyectos que llevaban años en el limbo. Por el otro, la expone a que cada decisión sea leída como un favor político. En un sector donde gremios como ANATO y Cotelco piden a gritos estadísticas confiables y reglas claras, la percepción de imparcialidad es un activo que se construye con transparencia.

 

María Isabel Campo Cuello tiene en sus manos una entidad que maneja un presupuesto superior a los $500.000 millones, pero que llega a su gestión con la credibilidad golpeada por meses de interinidad, denuncias de nómina inflada y un proyecto de embarcaderos bajo la lupa fiscal. Su carta de presentación es técnica: 30 años de experiencia, formación internacional, conocimiento del territorio. Su prueba de fuego será demostrar que puede traducir ese currículum.

 

Confieso que he visto pasar gerentes por Fontur con la misma frecuencia con que cambian los ministros: muchos, algunos buenos, otros de relleno, pero casi ninguno logra que su gestión se recuerde por algo concreto; pero esta vez hay algo distinto: no es el currículum —que es sólido— ni el respaldo político —que es evidente—. Es que Campo Cuello está haciendo algo que sus antecesores no hicieron: salir a los territorios antes de que se lo pidan. San Andrés, La Guajira, Chocó, y Santa Marta en 30 días, un tour que ha sido una real declaración de intenciones.

 

Y aunque el panorama no es color de rosa —la ocupación hotelera en 47.4%, los extranjeros bajando, la Contraloría respirándole en la nuca— hay algo que juega a su favor: le tocó el momento en que el sector necesita resultados. Si logra que los $511.573 millones se vean en obras y no en informes, habrá hecho algo que pocos: devolverle la confianza a una entidad que lleva años sonando más por sus líos que por sus logros. Y eso, en este país, ya es noticia.

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