Turismo comunitario como activo competitivo: el nuevo valor estratégico de Barú

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Durante años, el turismo fue medido casi exclusivamente por su capacidad de atraer visitantes. Hoy, en un entorno donde la sostenibilidad dejó de ser un discurso operacional para convertirse en una exigencia del mercado, el verdadero diferencial de los destinos está en su capacidad de generar valor compartido. Barú, una de las joyas naturales del Caribe colombiano, empieza a mostrar cómo el turismo comunitario puede convertirse en un activo competitivo real cuando se gestiona con visión territorial, alianzas sólidas y foco en resultados.

 

 

La experiencia reciente en los corregimientos de Ararca y Santa Ana es una prueba concreta de ello. A través de la iniciativa +VIDA Barú, se intervinieron 1.641 metros cuadrados estratégicos con un objetivo claro: mejorar la experiencia del visitante, fortalecer el talento local y elevar la competitividad turística de la isla desde sus propias comunidades.

 

 

No se trata solo de infraestructura, sino de un modelo que conecta identidad cultural, desarrollo económico local y sostenibilidad ambiental.

 

 

El proyecto es el resultado de una articulación público-privada poco frecuente en su nivel de profundidad y alcance. La Secretaría de Turismo de Cartagena, Fundación Santo Domingo, Fundación Decamerón, Grupo Argos y su fundación, y PEI Asset Management lograron alinear intereses para impulsar un enfoque integral de desarrollo turístico. Esta coordinación no solo optimiza recursos, sino que reduce duplicidades, acelera impactos y fortalece la gobernanza local, un factor clave para la sostenibilidad de cualquier destino.

 

 

Desde el punto de vista de negocio, el turismo comunitario bien estructurado responde a una tendencia clara del mercado. Los viajeros buscan experiencias auténticas, contacto con la cultura local y propuestas responsables con el entorno. Barú avanza en esa dirección al intervenir nodos estratégicos de sus rutas ecoturísticas, como la Casa del Pescador, el muelle artesanal, accesos vehiculares y el vivero de manglar en Ararca, así como la plaza principal, señalética y espacios comunitarios en Santa Ana. Estas mejoras elevan la calidad del producto turístico y, al mismo tiempo, aumentan el tiempo de permanencia y el gasto en destino.

 

 

 

Un elemento central del proyecto fue la priorización de mano de obra local en las intervenciones técnicas. Esta decisión tiene un impacto económico inmediato: dinamiza ingresos, fortalece capacidades y genera apropiación del territorio. Pero también tiene un efecto estratégico de largo plazo, al consolidar una cadena de valor turística donde las comunidades no son espectadoras, sino protagonistas.

 

 

La dimensión artística y cultural complementa esta apuesta. Los procesos de muralismo y co-creación comunitaria no solo embellecen los espacios, sino que construyen relato de destino. En un mercado turístico cada vez más visual y digital, la identidad se convierte en un activo de posicionamiento. Barú empieza a comunicar quién es, desde sus muros, sus historias y su relación con la naturaleza.

 

 

A esto se suma un componente que suele ser subestimado, pero que define la viabilidad económica del turismo comunitario: la formación. El fortalecimiento en gestión financiera básica, prospección comercial y desarrollo de negocios turísticos permite que las iniciativas locales pasen de la informalidad a modelos más sostenibles, capaces de escalar y mantenerse en el tiempo sin depender exclusivamente de apoyos externos.

 

 

+VIDA Barú, bajo el sello de la alianza Impacto Colectivo Barú 2030, se perfila, así como un modelo replicable. Demuestra que la competitividad turística no está reñida con la inclusión, y que la sostenibilidad, cuando se traduce en acciones concretas, puede ser una ventaja estratégica para los destinos. En un sector que representa una porción creciente de la economía regional, apostar por comunidades fortalecidas no es solo una decisión ética: es una decisión inteligente de negocio.

 

 

El reto ahora es escalar este tipo de iniciativas, medir su impacto en indicadores económicos y sociales, y consolidar a Barú como un destino donde la experiencia del visitante y el bienestar de la comunidad avanzan en la misma dirección. El futuro del turismo, sin duda, se construye desde el territorio.

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